Mariano Campero necesita con urgencia oxigenar el gabinete. Su visita al Concejo Deliberante fue un papelón innecesario

Quien haya sido el ideólogo, entre quienes asesoran políticamente al Intendente de Yerba Buena, sobre su visita al Concejo Deliberante para atender a la familia del niño Valentin Villegas; hoy debiera estar buscando empleo. Le hicieron pasar a Mariano Campero uno de los peores momentos de su gestión. 

Dejando de lado la responsabilidad que pueda caberle al jefe municipal sobre la inseguridad que reina en el municipio, Campero vuelve a ser víctima de sí mismo y de sus propios asesores.
¿Qué se le puede decir a un padre que ha perdido a su hijo en manos de una bestia asesina que asestó tres puñaladas en el pecho de una criatura con toda una vida por delante? ¡Nada!.

El mismo día que estaba planificada una marcha desde la comisaría de Yerba Buena hacia la intendencia, convocada por la familia Villegas y a la cual asistirían sin dudas una numerosa cantidad de vecinos ante la impresionante ola de inseguridad que se vive en el municipio; Mariano Campero decidió «dar la cara» en una sesión especial en el Concejo Deliberante de esa ciudad. Sin embargo el costo que tuvo que pagar fue altísimo, le dijeron de todo, inclusive que si no se sentía preparado para dar soluciones, debía renunciar a su cargo. Todo esto frente a todo el mundo y todos los medios.

 

Insistimos. ¿Qué se le puede decir a un padre, a un abuelo y a un tío que perdieron un ángel en manos de una bestia asesina…?

Mariano Campero nunca debió exponerse a esa sesión totalmente inconducente. ¿Qué podía salir bien, cuál era el objetivo de la misma? Hasta Santiago, el padre de Valentín, se levantó de su silla y se retiró, dejando plantado al intendente y a los concejales para ir a la marcha de su hijo y a las de aquellos que como él perdieron a un ser querido en manos de la delincuencia, tal como estaba planificada con anterioridad.
Más tarde Luciano Villegas, tío de Valentín iba a postear en su facebook que la reunión «no había servido para nada«, como era totalmente obvio.

Mariano Campero intentó durante la reunión mostrar sensibilidad, empatía, comprensión y solidaridad. No entendió que ese soporte, la familia Villegas lo encuentra entre sus allegados y amigos, inclusive entre quienes como ellos sufrieron una tragedia similar.

En cierto momento, Santiago (padre de Valentin) le requirió al intendente que le mostrase el mapa del delito, a lo que Campero respondió escuetamente, «no lo tenemos, a eso lo tiene la policía«. Esto sacó de quicio a Santiago, quien se levantó de su silla y espetó: «¿Para qué me invitaron acá? Estoy escuchando a gente que habla de cosas que me chupan un huevo ¿Saben lo que es acostarme, cerrar los ojos y ver la cara de mi hijo muerto todas las noches? ¿Saben lo que es eso? ¡Ustedes no entienden nada!”.

Tal como afirmamos, Mariano Campero no debió estar en el Concejo Deliberante, la incapacidad propia y la de sus asesores y secretarios, inclusive la de los concejales adeptos para interpretar la gravedad de los hechos y la falta de entendimiento de las implicancias de dialogar públicamente un tema tan doloroso; hicieron que la familia Villegas viviera un momento desagradable y de innecesario malestar y que Campero hiciese un verdadero papelón. Intentó mostrarse amistoso, cuando los padres de Valentin esperaban propuestas concretas, planes y medidas a corto, mediano y largo plazo de un funcionario ejecutivo, de un intendente…

¿Es el intendente culpable de la muerte de Valentín Villegas? Sería injusto señalarlo como tal, pero… ¿Hace cuánto que se reclama que los motociclistas circulan por todo el municipio, en las narices de los agentes de tránsito sin casco, sin papeles, sin luces o con más de dos personas? ¿Si sabía que cada comisaría contaba con «dos o tres personas», por qué no lo denunció antes? ¿Es posible que un «varita» pueda detener la marcha de un automovilista o motociclista, pero que no pueda hacer lo mismo la GUM (Guardia Urbana Municipal). ¿Puede ser tan paupérrimo el servicio de ambulancias del Centro Asistencial Ramón Carrillo?. Esto sí podría hacer la diferencia para la inmensa cantidad de «Valentines» que intentan vivir una vida normal en Yerba Buena.

Mariano debió recibir a la familia Villegas, luego de la marcha prevista, en su despacho como corresponde. En privado, condolerse y de ser necesario animarse a pedir perdón por lo que le pueda tocar de responsabilidad y hacer un paneo de propuestas técnicas elaboradas por un equipo del cual realmente carece. Esto no hubiese dado paz a los familiares de Valentin, pero al menos le habría dado sentido a la reunión, evitando un enorme mal rato para todos.

Mariano Campero deberá desarrollar un plan conjunto con el Estado Provincial, en miras a la proximidad de los complicados meses de Diciembre, Enero y Febrero, pero antes tendrá que depurar su gabinete y permitir una necesaria oxigenación que aporte ideas, profesionalismo y credibilidad en el área de seguridad.

 

 

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