El reclamo de los vecinos y comerciantes mueve el avispero en la abandonada Yerba Buena

Poco tiempo duró la congoja por el triste y prematuro fallecimiento del ex intendente de Yerba Buena, Roberto Martínez Zavalía, del emprendedor gastronómico Salustiano Paz, del dirigente de rugby Horacio “Tachuela” Paz (todos muy queridos) y por la muerte por COVID de tantos “anónimos“. El derecho a salir a tomar un café, cenar en un Resto, tomar una “pinta” de cerveza o comprar una “pilcha“, desplazó a estas tragedias familiares y sociales, aunque sea por unos días entre las prioridades de algunos tucumanos y en especial a los yerbabuenenses.

No podemos engañarnos, estamos inmersos en una crisis y una tragedia sin precedentes en donde solo cabe elegir “el mal menor“. En medio de una escalada en el número de contagiados y fallecidos por COVID, la economía pareciera estar reñida con las medidas que se requieren para evitar que el colapso del sistema de salud sea total.

Sería de una necedad absoluta negar los efectos nocivos que las medidas de restricción a la circulación de los ciudadanos causa en los comercios y empresas pequeñas o PyMES. No son pocas las que desaparecerán, llevándose consigo fuentes de trabajo y el sustento de familias enteras. Esto es un drama. Tal vez y solo tal vez, estos desgraciados acontecimientos sirvan para que los tucumanos exijamos a viva voz a los irresponsables a cumplir con los protocolos que acordaron con el gobierno y a las recomendaciones permanentes que los funcionarios y especialistas realizan en los medios. De algún modo, están pagando justos por pecadores.

A metros de quienes se manifestaban en la Plaza Independencia, se escuchaba el llanto de los familiares de fallecidos por el virus que azota al mundo“, escribió alguien en un comentario en las redes.  Esto es absolutamente innegable, y a esos llantos y pérdidas de vida no se los puede revertir ni silenciar.

El hartazgo de la gente es contra todo y contra todos; acá no hay buenos ni malos. Solo hay muerte, dolor, pérdidas económicas y crisis.  También -lamentablemente- hay quienes buscan beneficiarse cual “caranchos“, de los “restos” que puedan significar un par de votos de los “indignados“, y que puedan a su vez ser cosechados en las calles, en las redes y en los medios de comunicación.

Así fue que la ciudadanía salió a protestar contra todo y eligió al gobernador Juan Manzur como el objetivo principal para mostrar su descontento. Poco importa que Tucumán figure  situado en el sexto lugar a nivel nacional como receptor de dosis de vacunas. Nada es ni será suficiente para frenar la angustia de la gente, solo la posibilidad cierta de que aumente la velocidad de vacunación, para todo aquel que no crea que les quieren poner un chip o envenenar.
Al cierre de esta nota, nos comunican que se inició la inscripción para vacunarse, dirigida a los tucumanos de entre 50 a 54 años, inclusive. Esto último, accediendo al link https://vacunacovid.azurewebsites.net/turnoscovid_50a54.aspx

En medio de este panorama, a un concejal de Yerba Buena no se le ocurrió otra cosa que sumarse o ser parte organizadora de una protesta en las puertas del domicilio del gobernador de la provincia, alentando y azuzando a los manifestantes. El concejal Álvaro Apud, del PRO, prometía en medio de la calle apoyar la protesta de los comerciantes y vecinos; sin ninguna medida concreta, sin soluciones reales a problemas reales. Atinó solamente a situarse “del otro lado de la barra“, como un “comensal” más. Literalmente se dedicó a apagar el fuego con nafta y no a brindar soluciones, como lo exige el cargo de concejal que ostenta y que los contribuyentes pagan con sus tributos.

Lo cierto es que ni desde su bloque (mayoritario en el HCD), ni desde la intendencia de Mariano Campero, surgieron propuestas superadoras para apuntalar a los comerciantes que se vieron obligados a cerrar las puertas de sus negocios. El ex TEM (ahora llamado THYS), el 10% que pesa como tributo municipal sobre el monto de la factura de la electricidad, el CISI y otros tributos, seguirán siendo cobrados y exigidos a los comerciantes, vecinos y profesionales, con o sin pandemia, con o sin cuarentena en Yerba Buena.

En el día de la fecha, el concejal Marcelo Albaca (PJ) presentó una denuncia en contra de su par, Álvaro Apud (PRO), por la eventual comisión de uno o más delitos al participar y/u organizar una manifestación frente al domicilio del gobernador Juan Manzur.

Otro que salió al ruedo fue el concejal Alejandro Sangenis (PJ-Camperista), quien presentó un tal vez tardío pero oportuno proyecto, para que la Intendencia de Yerba Buena realice un aporte económico para beneficio de los comerciantes que se vieron obligados a cerrar las puertas de sus negocios estos nueve días de regreso a una suerte de Fase 1. La iniciativa no señala con qué fondos podría solventarse desde el municipio este aporte.

El oficialismo en el Concejo Deliberante que integran el denunciado Apud, Aranda, Casanova, Argiró, Macome, Rojas (JXC), Cisneros (Fuerza Republicana), se abocó a esbozar una crítica en una nota pletórica de “horrores” de ortografía, gramaticales y de redacción. Tal es así, que el diario La Gaceta tuvo la amabilidad, necesidad y piedad de corregir sus textuales entre comillas, al citar parte del texto sobre esta nota.

Desde El Diario en Tucumán intentamos hacer lo propio, pero la redacción de la nota es tan paupérrima que se hace dificultoso colocar los signos de puntuación en oraciones tan mal formuladas. Funcionarios nos comunican que la nota fue redactada por el oficialista y presidente del Concejo, Concejal Rodolfo Aranda.

En fin. Críticas…, numerosas. Propuestas de soluciones, ninguna. El presidente de la Comisión de Salud del Concejo Deliberante, brilla por su ausencia; entendemos que la misma es responsabilidad del concejal peronista, Héctor “Pilón” Aguirre.

En definitiva y expresado desde el punto de vista institucional, en todo este asunto hay un gran ausente con aviso. Ya hablamos de los concejales, pero a lo que se refiere a “dar la cara” sobre la decisión de cerrar o no las puertas de los negocios, entre otras restricciones, el intendente Mariano Campero no aparece en la escena y permanece bien cubierto con el “blindaje” mediático que posee y al que ya nos tiene acostumbrados.

Algunos de sus funcionarios ya se encuentran trabajando para dar la eventual felíz noticia de “medidas” que serán tan bien comunicadas mediáticamente como lo serán insuficientes o inexistentes en la práctica. Las novedades se darían a conocer a pocos días del Lunes 31. en que vence la vigencia de las restricciones impuestas por el DNU presidencial. Campero adora hacer anuncios de cosas que no suceden, tal como las 100 cámaras de vigilancia anunciadas en Noviembre de 2020 y que no aparecen; los famosos radares para control de velocidad que funcionaron solo un día (uno)  en una  de las avenidas… Etc. Es que “Manano” es así…, ama dar buenas noticias y recorrer la provincia “militando la nada misma“, junto a “chupafocos” en plena pandemia, mientras los yerbabuenenses no pueden confiar en poder hacerse una sutura en el Centro Asistencial Ramón Carrillo.

Acá la cosa pareciera ser más fácil. Te ponés una bandera argentina en los hombros como una especie de superhéroe y salis a putear como “Doña Pocha“, en contra de los funcionarios provinciales y nacionales, si además de ello, son “k”, mejor. Si además causa revuelo, caos y tiene “rebote” en la prensa, ni hablar…

Sin embargo y con mucho dolor, hay una enorme cantidad de tucumanos e  innumerables  familias, que perdieron -afectados por COVID- un padre, un abuelo o abuela, uno o más hermanos , amigos del alma y hasta hijos. A ese tucumano, a esa tucumana, nadie lo consuela e insultar al gobernador no lo calma. No hay nada que les pueda enviar por delivery que mitigue su  dolor y  su desconsuelo.

 

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