El concejal bussista de Yerba Buena indignado por un publicación de El Diario en Tucumán que lo menciona

Que un funcionario público se contacte con un medio de comunicación para hacer un descargo sobre alguna nota que lo menciona, no solo es usual, sino también un derecho que le asiste.

Ahora, que dedique el noventa por ciento de su charla telefónica para agredir a su interlocutor, descalificar al medio y a su director, decir barbaridades sobre sus colegas concejales, etc., es no tener la más mínima idea de como debe ser la relación entre un funcionario y la prensa. Es exactamente eso lo que sucedió con el concejal de Fuerza Republicana en Yerba Buena, Gonzalo Cisneros, durante 42 minutos a hs 23.28 del sábado 04 de Enero.

Desde la dirección de nuestro medio le ofrecimos al conejal de Fuerza Republicana, efectuar el descargo que desease, sin edición y sin costo, como es nuestra costumbre. Su respuesta fue: «Cuando me menciones en otra nota, llegate a mi oficina en el HCD a partir de Febrero antes de escribir nada…» (¿?).

El concejal Cisneros, evidentemente está ofuscado por una publicación que involucra a quienes votaron a favor del mega emprendimiento en calle San Martín y La Paz. En dicha publicación se acusaba a los mismos de haber recibido una generosa prebenda. Le aclaramos (tal como expresa la nota publicada por El Diario en Tucumán sobre el tema) Inmobiliaria Concejo Deliberante de Yerba Buena S.A.(Click en letra azul para acceder) que repudiamos los escraches de ese tipo. Le sugerimos que hiciese la denuncia que corresponde. Su respuesta fue ¿»Entonces qué tengo que hacer con vos»?, en tono amenazante.
– Es sencillo, le respondimos, publicamos sin edición y sin costo su descargo o si se siente ofendido, haga la denuncia donde corresponda.

En la charla, Cisneros fue levantando temperatura a medida que le explicábamos la intención de la nota. Nos acusó de cobrar para dañarlo, dijo que eramos pésimos periodistas, que los peronistas eran unos ladrones. LLegó a afirmar «Yo fui el que paró las coimas de los demás» (¡…!). Ante tal afirmación le dijimos que su obligación como funcionario era la de denunciar tal cosa en la Justicia. Su respuesta fue: «Yo no estoy para eso, no es la forma en que actúo». «Si querés grabarme, grabame», continuó. Le expresamos que no grabamos a nuestros entrevistados sin que ellos lo sepan.

«Yo no soy político», afirmó. Usted está equivocado (respondimos). Usted es un funcionario que ocupa un cargo político y se debe a los vecinos de Yerba Buena.

Su seguidilla de descalificaciones hacia nuestro medio y hacia el cronista no cesaba, en una conversación que se tornaba redundante. Claro, el concejal Cisneros (según él mismo) asume desconocer la enorme cantidad de veces que durante las diferentes gestiones, otorgó el Concejo Deliberante hasta llegar a desnaturalizar las características que dotaban a Yerba Buena como lo que alguna vez fue la Ciudad Jardín.

En definitiva, nuestra obligación como periodistas es la de comunicar, no la de sentirnos «ofendidos» por lo que diga un concejal que asumió en total ignorancia sobre los mecanismos institucionales y políticos que rigen la gestión del municipio y del Concejo Deliberante.

Lo cierto es que (a pesar de que el concejal Cisneros afirme que los concejales de Cambiemos son 5 y no 6. Seguramente considera que el presidente del Cuerpo, Aranda, no «suma» como concejal) su voto fue determinante para aprobar la factibilidad de un proyecto urbanístico que generará un tremendo impacto en la zona sur de Yerba Buena.

En una misma sesión, el concejo otorgó una excepción a un emprendedor y se la denegó a otro; éste último por estar enemistado públicamente con quien preside la Comisión de Obras y Servicios Públicos, el concejal José Macome.

Este criterio discrecional por el que seis (en este caso 8) concejales usan una «varita mágica» para aprobar o no excepciones al Código de Planeamiento Urbano o a otras leyes y ordenanzas vigentes, se debe acotar o eliminar.

El proyecto habitacional y comercial en calle San Martín esquina La Paz, debe ser VETADO por el Intendente Mariano Campero. También debe revisarse la legitimidad que tienen los concejales para definir bajo criterios difusos, a quién o quienes y por qué motivo se le debe conceder excepciones.

Sepa el irrespetuoso concejal Gonzalo Cisneros, que si siente que pesan sospechas sobre sus hombros y sobre los concejales que votaron a favor de otorgar dicha excepción, es porque el vecino descree que estas discrecionalidades sean movilizadas solo por un criterio técnico.

Por demás está decir, que no intentamos hacer pesar sobre los concejales que votaron como votaron, ninguna acusación sobre su moral. Sí pondremos énfasis en el cambio espeluznante que está sufriendo el municipio a raíz de proyectos aprobados en una oficina cerrada, en mesas de bar o en un domicilio particular, con o sin intercambio de prebendas.

 

 

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