Yerba Buena asalto a punta de cuchillo en calle Perú al 1200

Mariela podría ser la hermana, la novia o la hija de cualquier yerbabuenense “de a pie”. A hs. 16.00 de este martes de diciembre, partía desde su casa en Calle Friás Silva, a padecer la insoportable espera del ómnibus de la Línea 100 -que cubre el servicios, siempre sin control- en el postergado “rectángulo de inseguridad” que sigue siendo la zona Norte de Yerba Buena.  

Mariela no sabe de estrategias de seguridad, ni de “patrullas municipales“, simplemente se dedica a trabajar y a estudiar como muchos jóvenes de veintisiete años.

A pesar de no ser la primera vez que le sucede, fue sorprendida por un mocoso delincuente de camisa a rayas rojas y blancas y pantalón blanco, que a pesar de su corta edad, no dudó en ponerle un cuchillo en su vientre y a arrastrarla por el suelo hasta lograr que su víctima le entregase la billetera y el celular que guardaba en su cartera.

Cuando me quise resistir y empecé a gritar, me puso el cuchillo en el estómago, me quedé helada“. “La otra vez que me pasó, me quedé muda, pero esta vez me animé a gritar“, relata mientras muestra su codo y señala su espalda lacerados por la caída al suelo.

Un señor me llevó hasta ‘La Perón‘ e hizo parar una camioneta de la policía” “Yo estaba con una crisis nerviosa y lloraba, mientras él le explicaba lo sucedido al agente“. En pocos minutos llegaron una camioneta más, dos motos y un auto de la policía. Ya Mariela les había indicado el camino que recorrió el menor delincuente, que escapó por la Vía Norte de esa localidad.

“¡Era un mocoso, los chicos que jugaban en la zona le abrieron camino!”, relata entre sollozos. “El único que me ayudó fue ese señor, aunque entiendo, porque la gente tampoco comprendía lo que pasaba; fue todo tan rápido…“.

Las hermanas de Mariela acudieron a su encuentro apenas ella pudo comunicarse con un celular prestado. “Tranquila, no pasa nada…, estás viva“, dijo una de ellas.

En este pueblo del “Cercano Oeste” habita un “patroncito” que se alborota por jugar a los “Cowboys“; hasta tal punto, que llegó a nombrar a un Sheriff que tiene “chapa” y todo, pero que no se le conoce logro alguno desde que asumió en el cargo.

En el “Cercano Oeste” hay una amplia zona en donde salir a la calle “tranquilo” es quedar a merced de los delincuentes; salvo que uno sea un alto funcionario judicial y tenga su propio “alguacil” a caballo en la puerta de su rancho en la “Bascary“.

Podrán traer a los “azules” y requisar diez mil caballos en las avenidas para revisar si tiene las espuelas y la montura bien puesta, o si la marca es del de la hacienda que corresponde.

Sí, si no “embarran los cascos de las patas de los alazanes” y no se aventuran en los cañadones más oscuros; esos en donde venden “tabaco ilegal“, esos en donde los “indios” comercian las partes de las “monturas” desguazadas de los caballos que se roban en los senderos del pie del cerro, todo seguirá igual.

Si no se le hacen frente a los parajes “ocultos” y en los aguantaderos, van a seguir poniendo sanciones menores y a secuestrar caballos sin papeles; pero no va a cambiar nada de nada. Solo tal vez y de casualidad algún “pava“, un “perejil“, uno que tomó unos tragos de más en el Saloon.

¡Esto no se trata de “buena voluntad“; se trata de profesionalismo y de hacer bien las cosas! Ya no se investiga, solo “se sabe porque se sabe“; pero los jueces y fiscales quieren todo “libre de polvo y paja“, mientras ellos en sus despachos gustan abocarse a casos más relevantes. Esos que llenan alforjas y tienen ascensos como premios.

“¡Qué me pedís a mí! Contestaba encabronado un ex Secretario de Seguridad hace unos años. ¡Si el hijo del Juez ….., vende…!”

¡Uff! ¡Me fui al carajo! ¡Mejor me callo, porque estos “intocables” son capaces de plantarte un ombú en el auto y armarte una causa…!

¿Se animará alguna gestión municipal y provincial -de manera conjunta- a hacer lo que hay que hacer en esta inmensa zona norte de Yerba Buena; que va desde el Camino del Perú hasta el pie del cerro y desde la Avenida Perón hasta la Avenida Aconquija?

¿Tendrán “cojones” y un plan, para apartar la lacra que azota a ese inmenso espacio, de la gran mayoría de gente trabajadora que lo habita y poner -tal vez- un destacamento policial si no es mucho pedir? ¿O tendremos que esperar a que el cuchillo que amenaza los vientres de las gentes, penetre y cercene la vida de algún inocente vecino del condado?

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