Los siete pilares del triunfo de Dilma

Los brasileños se decidieron finalmente. Por poquísimo, pero lo hicieron. Ni Dilma ni el Partido de los Trabajadores (PT) se van.

Cuatro años de gobierno de la presidenta o 12 del oficialismo no son suficientes para completar el cambio que Luiz Inacio Lula da Silva empezó en 2002. Hace falta un mandato más. Pero será un período obligado a escuchar el clamor de transparencia y reforma. De otra manera, el oficialismo no sobrevivirá más allá de 2018.

Atrás quedó la amenaza de las protestas que en junio de 2013 hicieron pensar en el fin del PT, de las mil y una denuncias de corrupción, de la actual recesión técnica, de la inflación que no cede, de un Estado poco eficiente y menos transparente, de la supuesta falta de capacidad de Dilma para enamorar a los brasileños.

Por sí solo, cualquiera de esos factores hubiese podido conducir a la derrota electoral de un presidente en otro país. No en Brasil. Allí, varios pilares -algunos obvio, otros no tanto- sostienen un triunfo que hoy parece ínfimo pero, hace sólo tres semanas, se veía matemáticamente imposible.

1-Los éxitos de 12 años de gobierno: Lula y Dilma pueden alardear con muchas cifras: su PBI se mide hoy en billones de dólares y llegó a crecer a una tasa anual de 7,5%; el consumo interno se disparó y el desempleo (5%) es prácticamente el más bajo de la historia brasileña. Pero un número es más que suficiente para hablar de los logros de los gobiernos petistas: 40 millones de brasileños dejaron de ser pobres desde 2003 gracias a los extensivos y exitosos programas sociales del Estado.

2- La ambigüedad de los brasileños: ninguna sociedad es lineal y menos aún a la hora de votar. Pero los brasileños se mostraron bastante más ambiguos de lo normal en este proceso electoral. En junio de 2013, millones salieron a las calles hartos de la corrupción, de los servicios públicos ineficientes y de un Estado que dedicaba demasiado dinero a objetivos poco urgentes, como el Mundial. Cambio, cambio y más cambio, se reclamaba en las movilizaciones en todo el país. Casi un año y medio después, los brasileños se inclinaron por la misma opción que eligen desde hace 12 años. ¿ Qué pasó con el deseo de cambio? Tal vez ellos se asustaron con las alternativas -Aécio Neveso Marina Silva- o a lo mejor prefieren que las reformas que hoy exige su país las lance el gobierno que más necesita ser reformado.

3- La campaña sucia: ni la presidenta ni su contrincante socialdemócrata se quedaron atrás en la guerra por dañar o incluso destruir la imagen del otro. Los dos cruzaron ataques, mentiras, descalificaciones cercanas a insultos. Los dos azuzaron fantasmas en caso de que el otro fuera elegido. Y los dos ayudaron a profundizar la polarización de un país donde hasta los amigos llegaron a enemistarse por temas políticos.

Sin embargo, en esa ofensiva desmedida, el PT fue más eficaz, en forma y fondo. Por un lado, el 70% de las declaraciones de la campaña para el ballottage de Dilma fueron ataques a su rival (contra el 50% de Aécio). Por el otro, el oficialismo, al ver su poder en peligro, logró desarticular y anular los argumentos de renovación primero de Marina Silva y después del postulante socialdemócrata.

Con agresividad y sin pudor, apeló a una campaña de miedo y acusó a Aécio de querer desmontar todos los planes sociales en caso de ganar. Así atrapó hasta a los más indecisos.

4- Lula y su popularidad: otra pecularidad de esta campaña fue la “batalla de ex presidentes”. De un lado, estaba Lula; del otro, el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso. Venerados por sus respectivos partidos como verdaderos estadistas, ambos recorrieron Brasil infatigablemente. Pero la popularidad de Lula, incluso hoy, es imbatible; ronda el 70% mientras que la de su antecesor apenas es de 35%, según Datafolha. Y el ex mandatario petista no dudó ni un segundo en poner la cara por Dilma para lo que fuera, movilizar el voto en un Sur esquivo o atacar a Aécio a riesgo de quedar en ridículo. Tiene un objetivo en mente: volver a la presidencia en 2018.

5- Las debilidades de Aécio: ningún candidato puede ganar una elección sin la inestimable aunque involuntaria ayuda de su rival directo. Y Aécio, a pesar de haberse sentido tan cerca de la presidencia, hizo ese favor a Dilma. Primero, optó por lanzarse de lleno, como el PT, a la campaña sucia; pero, una vez allí, fue paulatinamente arrinconado por el oficialismo. Segundo, ni él ni el PSDB fueron lo suficientemente hábiles para convencer a Marina Silva de que los apoyara rápida e incondicionalmente. Por último, el dirigente socialdemócrata no pudo exhibir muchos logros de gestión: perdió en Mina Gerais, estado que gobernó durante dos mandatos.

6- La sequía de San Pablo: desde hace años, el distrito más poblado de Brasil es un feudo del PSDB. Pero también desde hace años, el estado sufre agudísimo problemas hídricos, que se magnificaron, en los últimos meses, ante una sequía inusual. La falta de agua afecta ya no sólo a la ciudad si no a varias regiones del estado. Nunca lerdo para explotar debilidades ajenas, el PT culpó una y otra vez a la socialdemocracia de haber alimentado la crisis por su propia inoperancia y por la falta de inversión en estructura. Aécio comenzó a caer en las encuestas precisamente cuando empezó a perder apoyo en el estado.

7- La estructura política: nacido de la oposición socialdemócrata a la dictadura, el PSDB tiene la estructura propia de un gran partido nacional, con especial influencia en el rico sur brasileño. Y lo es: gracias a ello alcanzó el ballottage en casi todas las elecciones desde el regreso de la democracia, en 1985. Pero no cuenta con los recursos propios de un partido en el poder como el PT ni con el armado y el alcance dignos de una organización que sobrevivió a la dictadura, como el Partido por un Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Socios desde hace años, el PT y el PMDB conforman una alianza que no deja nada librado al azar y menos una batalla en la que pueden perder el poder..

fuente: http://www.lanacion.com.ar/1738903-los-siete-pilares-del-triunfo-de-dilma

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