Las costosas PASO que reemplazarán a las internas partidarias (Por Santiago T. González Díaz *)

La crisis de 2001 llevó a un proceso de desestructuración, crisis y colapso de muchas organizaciones partidarias tradicionales, trayendo como consecuencia un problema de representación de la sociedad ya que la desconfianza sobre la dirigencia política, puntualmente, puso en tela de juicio la efectividad del sistema republicano y la democracia.

El personalismo fue minando la representación tradicional y haciendo que la legitimidad de los gobiernos dependa más del carisma del gobernante de turno y concentrando cada vez más el poder en una sola persona por sobre un esquema organizado en donde el electorado pueda tener una idea cierta de a quién vota y para qué vota.

Surgieron nuevos partidos y alianzas personalistas, cuyas estructuras e idearios giraban en torno a una figura destacada, con bases ideológicas muchas veces difusas y coincidentes en algunos aspectos.

Ante una situación de desconfianza en los procesos de selección de candidatos, tuvieron que llevarse adelante una serie de cambios que implicaron la reforma del sistema electoral, como ser la instrumentación de nuevas medidas como ser las Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias (PASO).

El nuevo sistema electoral pretendía ser una herramienta que pudiera limitar las candidaturas y la dispersión del voto, otorgando un nuevo aire de legitimidad a los resultados electorales, y unificar la oferta electoral fomentando los acuerdos y frentes. Las primeras experiencias tuvieron resultados positivos en algún sentido; sin embargo, el cuestionamiento que surge actualmente gira en torno al alto gasto económico que implican estas “elecciones previas”. Lo que debiera dirimirse orgánicamente puertas adentro de los partidos, frentes o alianzas, se traslada con altos costos a este nuevo formato, en el que no está claro quién o quiénes participan y por qué sistema de méritos llegan a su postulación.

En definitiva, las PASO, pasan a ser una suerte de onerosa “encuesta nacional”, que sin dudas influyen en las elecciones definitivas confundiendo a los votantes y siendo un elemento que podría desdibujar las reales intenciones de los votantes.

Habiendo ya pasado las elecciones provinciales en gran parte del país, lo que se percibe es un proceso de apatía y ausencia de esfuerzo por parte de los dirigentes y militantes. Los intereses cambian y lo que está en juego, para muchos pasa a no ser significativo, ya que todo se concentra en las figuras presidenciales importando poco y nada la representación legislativa; tengamos en cuenta que en Tucumán se vota además por la renovación de cinco bancas en la Cámara de Diputados de la Nación.

El desgaste y cansancio que puede percibirse es notorio, los ciudadanos están poco interesados en los procesos electorales en contextos como los actuales en donde la crisis económica provoca que millones de argentinos centren su atención en otras prioridades. Es por esto que el llamado “efecto heladera”, las tarifas y la “billetera”, constituyen variables que tendrán sin duda alguna, una incidencia importante a la hora de votar. Es por ello que ni las promesas de campaña, ni las propuestas de tinte ideológico llaman la atención de un electorado apático y desesperanzado.

Hoy las PASO están cuestionadas sobre todo por su enorme costo y porque los políticos no lograron dirimir sus candidaturas puertas adentro de sus partidos y alianzas, trasladando el costo al erario público. El ciudadano de a pie, y sobre todo aquel que no posee compromiso ni filiación con partido político o dirigente alguno, deba verse obligado a participar en internas partidarias.

Sin embargo y a pesar de las críticas, las PASO sirvieron para restituir la confianza en el sistema electoral y ordenar el desbarajuste que se había producido con la crisis de los partidos políticos tradicionales y el surgimiento de ofertas electorales personalistas (si bien aún siguen existiendo), empujando a la constitución de frentes electorales que pueden representar un espectro más amplio del pensamiento político de la sociedad y canalizando los humores mediante vías institucionales.

La pregunta que surge es qué sucedería si se eliminaran las PASO. ¿Cuál sería la herramienta legal que garantice que los partidos políticos tomen la decisión de realizar internas para la selección de candidatos, evitando así la enorme confusión que genera una verdadera marea de postulaciones en las siguientes elecciones? Tengamos en cuenta que, en la provincia de Buenos Aires, los electores votarán desde candidatos a presidente, legisladores, concejales y diputados.

Quizás, en este caso puntual, tengamos que volver a ver al norte y aprender de la tradición americana. ¿Y si el voto no fuese obligatorio? Tal vez, debiera ser ésta una cuestión a analizar a futuro por el Congreso Nacional.

* Santiago Tomás González Díaz

Lic. Ciencias Políticas  Mg. Gestión Política

santogondi@gmail.com

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