La inestabilidad económica afectó a los negocios, que comenzaron a renegociar contratos

En los últimos meses, el cierre de locales comerciales en el micro y en el macrocentro de la capital tucumana, fueron el producto de un acelerado derrumbe de las ventas en los comercios minoristas, los efectos de la inflación sobre el poder de consumo y el valor de los alquileres. Ante este escenario, hubo propietarios de locales que accedieron a renegociar con los inquilinos el porcentaje de actualización que se aplica en los arrendamientos.

Fuentes del sector inmobiliario informaron a DINERO que la base de actualización es, en promedio, del 14% semestral. Sin embargo, remarcaron que, en los últimos meses, hubo renegociaciones entre propietarios particulares e inquilinos, con porcentajes más bajos, que rondaron entre el 5% y el 8% semestral. Las mismas fuentes aclararon que estas renegociaciones no se generalizaron en el mercado local, ya que los empresarios inmobiliarios, también afectados por la inflación, buscan resguardar la rentabilidad de los inmuebles para hacerle frente a la recesión.

El presidente del Colegio de Corredores Inmobiliarios de Tucumán, Fernando Guzmán, explicó que el cierre de locales comerciales en el microcentro, provocado por la caída de las ventas minoristas, generó preocupación en el sector. “Por esa razón, desde el Colegio de Corredores, recomendamos a los propietarios de locales que, en la medida de sus posibilidades, tuvieran en cuenta la situación de la economía nacional, y que renegocien con los inquilinos nuevas actualizaciones en los alquileres”, señaló.

Además, recalcó que, a causa de la devaluación del peso -ocurrida en enero- y del consecuente incremento de la inflación, la demanda de locales comerciales, y de otros inmuebles como departamentos o viviendas, afectó fuertemente al mercado local. “A partir de la devaluación, el sector atravesó uno de los peores veranos en muchos años, con fuertes caídas en las operaciones. Luego, en el tercer trimestre, hubo una reactivación porque el público comenzó a refugiar sus ahorros en el ladrillo. Sin embargo, debido a la caída de las ventas, la demanda de locales sigue en baja”, subrayó Guzmán.

Los comerciantes, por su parte, afrontan una situación que combina dos factores: el freno de las ventas, producto de la inflación y de la retracción del consumo, y la suba de los alquileres que, desde febrero, elevaron su base de actualización semestral de entre el 10% y el 12% al 14%.

Sobre este contexto, el vicepresidente de la Cámara de Comercio de San Miguel de Tucumán, Miguel Molina, afirmó que hubo empresarios inmobiliarios que bajaron sus pretensiones para no perder alquileres. “Hubo casos de propietarios que renegociaron con algunas rebajas los contratos con los inquilinos, debido a la recesión que atraviesa la economía”, señaló.

Además, Molina explicó que el alquiler de un local se lleva, en promedio, el 20% de las ventas de un comercio minoristas ubicado en el microcentro. “Antes de que las ventas comenzaran a caer, representaba el 10%. Ocurre que los alquileres subieron en forma desmesurada, y que las ventas bajaron fuertemente. Hay está el desface”, advirtió.

El directivo afirmó que entre el costo de los empleados, el alquiler y servicios indispensables como la energía eléctrica representan, en promedio, un 40% del valor de las ventas. “A esto hay que sumarle los impuestos. Cuando las ventas acompañan, los gastos se pueden afrontar. Pero con ventas caídas, se hace muy difícil”, argumentó Molina. “Sería bueno que los propietarios adapten sus pretensiones para que el inquilino pueda pagar, y no tener un local cerrado. Sería bueno que las partes puedan resignar utilidades para acompañar esta situación de recesión”, agregó.

Por su parte, los corredores inmobiliarios también sienten los efectos de la inflación, ya que incide directamente en la rentabilidad de sus negocios. Por esa razón actualizan los alquileres de los locales. El empresario Marcelo Stagnetto explicó que la necesidad de reajustar cada seis meses el valor alquileres responde a que las propiedades se desvalorizan a causa del avance de la inflación. “El corredor inmobiliario, como intermediario en una operación, tiene la obligación de que ninguna de las partes se perjudique. Pero con una inflación que, según el Gobierno es una, y que según la realidad es otra, lo que debemos lograr es que el alquiler de un inmueble no pierda valor”, argumentó. “Hoy se dice que los alquileres están altos y bajos. El propietario siente que está bajo, respecto de la inflación real; el que alquila dice que está alto en relación a sus ingresos. Lo cierto es que el propietario debe tener el reflejo de un bien que, antes de la inflación, generaba una rentabilidad determinada. Ahora, le entrega una rentabilidad cada vez más baja”, añadió.

Stagnetto aseguró que el sector inmobiliario se mueve por oferta y demanda, en un contexto económico atravesado, no sólo por la inflación, sino también por la recesión. “Por esa razón, los empresarios inmobiliarios deben cuidar que el ingreso de las rentas trate de mantenerse en el tiempo”, subrayó. Finalmente, el empresario expresó que, en un marco recesivo “lógicamente, se pueden considerar algunas cosas dentro una renegociación”. “Pero no se puede perder de vista el deterioro que provoca la inflación. Este es el problema que hoy afecta a toda la economía”, concluyó.

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