La inestabilidad del voto – Por Santiago Tomás González Díaz (*)

No solo las lluvias de verano ahogan a la población tucumana, próximos a un nuevo proceso electoral, la duda en los ciudadanos y la clase dirigente está instalada como consecuencia de la “batalla de encuestas” que inundaron durante toda la campaña los medios de comunicación y que ahogan con la incertidumbre a candidatos y simpatizantes.

¿Quién será aquel que salga victorioso de estas nuevas elecciones? Esa es la duda y la especulación de muchos que buscan «apostar a un caballo ganador«.

La emocionalidad del voto se revela, el derrotismo no enamora y la necesidad inconsciente de pertenecer a un grupo ganador, más allá del convencimiento, nos empuja a elegir a uno u otro candidato. La razón en este caso queda de lado, el votante no se detiene demasiado tiempo a meditar por el estado de las calles, la pérdida de agua, la rotura de cloacas, el aumento constante de la inseguridad, sumado a la situación económica general de la región y del país, con los consecuentes que esto acarrea para los tucumanos.

Al igual que una competencia deportiva, la emoción actúa sin demasiada premeditación, volcándose por quién refleja rasgos que son comunes a nosotros. El efecto espejo o la necesidad de semejanza y pertenencia al grupo social son más fuertes que cualquier otro valor que pudiera implicar un voto racional y analítico.

Es tal el grado emotivo en el voto, que la demanda de seguridad jugó un papel clave en la campaña electoral haciendo crecer, y colocando como potencial candidato a la gobernación, nada menos que a Ricado Bussi, por la connotación de autoridad y fuerza que supone su apellido.

El actual gobernador, Juan Manzur, manifestó desde un comienzo su diferenciación con el gobierno nacional, buscando plantearse como una propuesta superadora en medio de un contexto de crisis que le achaca a la política económica aplicada por el Gobierno Nacional. Al mismo tiempo, el senador José Alperovich, llevó adelante una campaña moderna que generó empatía y proximidad con el electorado, intentando mostrar un “nuevo» José.

Quedará ver si el radicalismo, dividido en dos facciones y yendo en contra de su lema: “que se doble, pero no se rompa”, esquiva la negativa imagen que le impuso su sociedad con el macrismo.

Por un lado, representantes directos de la coalición «Ex Cambiemos«, liderados por Silvia Elías de Pérez, intentaron crear el mismo fenómeno que se dio en Buenos Aires con María Eugenia Vidal, pero despegándose de la figura de su principal referente y presidente, Mauricio Macri.

En las antípodas de Silvia Elías de Pérez, se muestran los radicales descontentos y que plantean una alternativa socialdemócrata, éstos encolumnados tras el hoy legislador y candidato a gobernador, Ariel García, quien trabaja en la construcción de un nuevo movimiento histórico, apelando a los principios fundacionales del radicalismo.

De ambos lados, estas dos fuerzas podrían llegar a desmentir lo que muchas encuestas vienen reflejando sobre su futuro desempeño.

En términos generales, las consignas de las campañas de cada fuerza y sus candidatos, apuntaron a brindar una versión diferente de provincia, «un Tucumán mejor«, siendo el común denominador en torno al cual girará la decisión de los electores.

La realidad es que el votante apelará el domingo 9 de junio a sus emociones, positivas y negativas, al momento de efectuar su sufragio. No meditará demasiado, los pareceres y prejuicios jugaran un papel fundamental, como también el egoísmo esperanzador de poder vivir un poco mejor u obtener algún beneficio con el siguiente gobierno.

 

 

* Santiago Tomás González Díaz

Lic. Ciencias Políticas

    Mg. Gestión Política

santogondi@gmail.com

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