Jurar por la memoria de un genocida La inadmisible afrenta de un legislador electo (Por Javier Guardia Bosñak)

¡Retrocedimos!. Con el gobierno «neoconservador» de Mauricio Macri y este «neocoloniaje» instaurado por los mismos de siempre, retrocedimos en todo. Aunque lo más grave de esta corta, pero arrasadora noche de cuatro años, es que retrocedimos en etica y moral; en valores ciudadanos y en derechos ya consagrados.

Nuestro país trazó un camino iniciado con el Juicio a las Juntas promovido por Don Raúl Alfonsín, que tuvo su contraparte con los indultos firmados por Carlos Menem.

Años después asistimos a una acción que constituyó todo un símbolo de lo que sería un  hacia el fortalecimiento de las instituciones y un claro mensaje hacia la sociedad. La foto del expresidente Néstor Kirchner ordenando que se bajara el cuadro de de un genocida, quedaría grabado en la retina de los argentinos. Luego sobrevendrían las llamadas «megacausas» contra genocidas y cómplices de los delitos de lesa humanidad, perpetrados desde el Terrorismo de Estado.

De ahí en más se sucederían, en distintos procesos, los juicios definitivos a los responsables que establecerían las condenas a la mayoría de los perpretradores de abominables delitos, que se llevaron a cabo durante la dictadura militar. Un doloroso camino que hizo revivir a las familias de las víctimas, el calvario a que fueron sometidos sus hijos, esposos, esposas…

Durante el gobierno de Mauricio Macrin Macri, se produjo el renacimiento de  «Teoría de los dos demonios«; la reivindicación del Operativo Independencia y medidas que de algún modo intentaban reivindicar lo actuado por los genocidas, muchos de ellos con condenas firmes. Increíblemente esto sucedió con la anuencia o el insoportable silencio des figuras que decían pertenecer al propio Partido de Don Raúl Alfonsín, de Ángel Gerardo Pisarello y de otras figuras emblemáticas del radicalismo.

Fuimos «antiderechos» nuevamente, con la Cruz en la marquesina y la Constitución Nacional archivada, en la propia provincia del Dr. Dardo Molina; de la del Pozo de Vargas; del «Arsenal» o de la fatídica Escuelita de Famaillá, entre tantos otros sitios de la memoria y el horror.

En la Argentina con heridas no cicatrizadas aún, volvimos a naturalizar que se volviera a hablar de asuntos que parecían estar definitivamente cerrados y acordados; colectiva y socialmente.

En las postrimerías del gobierno macrista, los tucumanos, los argentinos y por qué no el mundo tuvo que asistir una inadmisible afrenta. Un ignoto legislador provincial electo por el partido Fuerza Republicana, llamado Gerardo Huesen, juró ante sus pares nada menos que por un genocida que fue degradado, y condenado por delitos de lesa humanidad. Antonio Domingo Bussi.

Las palabras de Huesen (dirigente bandeño de 39 años que debuta en la Legislatura) pasaron desapercibidas para muchos de los asistentes,»Juro por la Constitución de Tucumán, por mi familia y por la memoria de general Bussi«, disparó, recibiendo oprobiosos aplausos de gran parte de la concurrencia al acto de asunción de los legisladores entrantes.

¿Por quién juró Huesen, por defender la Constitución vapuleada por su Jefe espiritual o quizás para defender el sistema representativo que tanto detestaba la dictadura?

¿Jura defender el Estado de Derecho o le dará lo mismo la detención de un Ciudadano por portación de pobreza y marginalidad, y su posterior ejecución bajo la Escuela del Gatillo fácil?

¿Jura seguir haciendo política desde la antipolítica, como lo hace desde hace tres décadas su Jefe Ricardo Bussi, quien engaña a sus reaccionarios e ignorantes Votantes, acusando a Radicales y Peronistas de ser el verdadero mal, mientras él vive del Estado desde el retorno de la Democracia?

Huesen no pareciera merece ocupar una Banca Legislativa, porque la misma, es la máxima expresión de la representación popular y de la esencia de la Democracia, vapuleada sistemáticamente por el mentor del partido al que representa. Democracia en la que no cree, como tampoco creía aquel repugnante y llorón anciano militar, que no soportó la humillación al ser descubierto como un vil ladrón (con Cuentas no declaradas en Suiza), además de su ya pública condición de asesino y criminal.

Casi como un eco lamentable de esta situación, fallecía de un infarto masivo en el Palacio de Justicia de la Provincia de Tucumán, Luis José Bussi; uno de los hijos del genocida Antonio Domingo Bussi. Quizás, una ironía del destino; quizás el resultado de lo que muchos llaman «karma«.

A nadie puede alegrar la pronta partida del hijo del general. La muerte no se festeja, no se hace culto de ella, no se invoca para exaltarla ni reivindicarla. Es justamente eso lo que hizo este «nontato» representante de los tucumanos en la Honorable Legislatura de Tucumán al llevar el nombre del genocida Bussi al recinto en el día de su jura y hacerlo sujeto de un homenaje público y oprobioso.

¿Merece acaso el joven legislador, un repudio generalizado de sus pares, o será este verdadero agravio tomado solo como «gajes del oficio de la clase política«, por los legisladores entrantes?.

Ni lo niego, ni lo afirmo. Solo digo, Señor Juez.

Será Justicia. – (Divina)

POR: Javier Ernesto Guardia Bosñak

Para El Diario en Tucumán

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