¿Es justa la queja del «Doctor Indignado», en la ambulancia del SIPROSA?

Recientemente los tucumanos vieron correr, por todas las plataformas digitales, un video en donde el médico (cirujano plástico) Diego Andjel, se queja de una supuesta falta de insumos y equipamiento en la ambulancia que lo traslada hacia un centro de salud en San Miguel de Tucumán.

Andjel sufrió un accidente el día domingo mientras participaba de una carrera de mountain bike en el cerro San Javier. «Voy en la ambulancia con una fractura expuesta en el brazo, después de una carrera deportiva. La gente de la ambulancia no tiene ni para ponerme un diclofenac para el dolor, los caminos están destruidos, voy bajando muerto de dolor y apenas me colocaron un suero«, se quejó.

«Pero la culpa no es de ellos -siguió-, sino del Gobierno que vende espejitos de colores a todo el mundo para ganar las elecciones, cuando Tucumán no tiene nada, ni una calle decente, ni una ambulancia decente, ni una medicación básica para una ambulancia. Esa es la realidad: un Tucumán dormido, chorros por todos lados, los servicios de emergencia no funcionan, estás abandonado y la gente que labura sigue bancando todo esto», continúa.

Desde el SIPROSA se aclaró que, habiéndose informado el tipo de lesión que sufrió el deportista, se envió la ambulancia que más cerca estaba del lugar del accidente y que si bien no tenía «diclofenac», se le quiso colocar un corticoide y otro analgésico que el médico rechazó.

Son varias las cuestiones a tener en cuenta ya que en nuestra provincia existen antecedentes de accidentes que llegaron a costarle la vida a sus protagonistas.

Ese fue el caso en el año 2012 del atleta cordobés, Ignacio Studer de 27 años, que se ahogó durante la «IX edición Yerba Buena-Tafí del Valle«. La tragedia ocurrió en El Siambón, cuando junto con su compañera de equipo, intentaban cruzar el Río Grande, que en ese momento estaba crecido y el agua corría con fuerza.

Un punto en común en éste y en otros eventos es que tales son organizados por particulares que inscribieron «la marca» de la competencia como «propia» y que -además de los laureles- genera un importante lucro para quienes están a cargo de la organización.
En el caso del Dr. Diego Andjel, nos informan que el valor de la inscripción oscilaba en unos $ 3000.

Cabe preguntarse entonces:

¿Quiénes garantizan la integridad física de los competidores?

Los atletas pagan un canon que debiera garantizar un seguro médico.

¿Qué porcentaje del pago de la inscripción se destina a atender las previsiones del caso para accidentes como éste?

¿Existe algún depósito de garantía, exigible a los organizadores,  para un evento que involucra a una gran cantidad de deportistas?

¿Se efectúan previsiones en cuanto al número de gente inscripta de tal modo que se adecuen las exigencias de la organización del evento a la cantidad de participantes?

¿Se informa a las autoridades de la provincia, de las áreas competentes, respecto a eventuales requerimientos en términos de salud, seguridad, etc.?

La provincia de Tucumán es sede de numerosos eventos deportivos masivos y tal como sucedió en el evento desgraciado en el que falleció el atleta cordobés Ignacio Studer, el organizador era un particular que montó una empresa para dichos evento.

Ahora bien. Sorprende que el médico esteticista, que mientras era trasladado por una ambulancia del Estado Provincial y de manera gratuita, no haya exigido a los organizadores su intervención.

El doctor en cuestión, decidió llevar a cabo una actividad competitiva que tiene un riesgo importante sin antes asegurarse de poseer la cobertura médico-asistencial mínima adecuada.

El doctor «indignado», hizo uso de una ambulancia pública del SIPROSA para que lo atienda y traslade a expensas de otros pacientes que podrían precisar la misma.

El doctor «indignado», no pensó en solicitar el traslado a los organizadores, habida cuenta de que sus conocimientos le podían indicar que una quebradura expuesta en la muñeca, permite movilizarse en un automóvil particular.

El doctor «indignado», se saca la máscara de oxígeno que es un elemento descartable para proferir críticas «no políticas» que nada tienen que ver con el estado de la ambulancia. Tampoco parece importarle explayarse sobre la responsabilidad que le cabe a los organizadores.

En definitiva, es menester que se regule este tipo de actividades de tal forma que el Estado Provincial sea resarcido por la aseguradora u obra social de aquellos que desean practicar estos deportes riesgosos sin tomar las previsiones del caso.

Estos eventos deben dejar de ser un importante negocio para algunos «empresarios» que, como en el caso de 2012 y con el fallecimiento de un deportista, terminan haciendo socio en las desgracias al Estado Provincial.

De ser así, tal vez se pueda dotar a las ambulancias del SIPROSA, de todos los elementos, que según el adolorido doctor «indignado», hacen falta en las mismas. Inclusive, una caja de ampollas de DICLOFENAC.

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