El macrismo le teme a la «Superliga» y apuesta al «superclásico»

El cambio de libreto en que incursionó el macrismo, pasando de mostrar a un presidente ya no afable, conciliador y amigable; sino enojado, «agresivo» y «justiciero«, llevó a todos los integrantes del «mejor equipo de los últimos cincuenta, sesenta y hasta setenta años«, a salir a los medios a tirar tarascones al aire.

Como si hubiese alguna necesidad de demostrar una «garra» que no se vio en la cancha a la hora de morigerar los efectos de su propia política económica, cumpliendo al menos con un par de las tantas promesas que rigen todavía como exigibles  para esta gestión (bajar la inflación y la pobreza), el macrismo salió a jugar su propia versión de un campeonato en donde para ellos solo existen River y Boca.

Así, como que si se hubiese decidido cambiar a Durán Barba por el inefable «Chiqui» Tapia; el macrismo pide la reedición de la final de la Libertadores entre River-Boca, con piedrazos y botellazos incluidos. Y si hay gas pimienta, pues a usar gas pimienta…

Con el mismo estilo de la nueva versión poco amigable y ceño fruncido de Mauricio, se vio en la cancha a Mariu Vidal, a «Favaloro» Larreta y de ahí para abajo a toda la cadena de funcionarios, medios de comunicación, programas rentados de radio y TV, ejércitos de periodistas y los ya insoportables trolls comandados por Marquitos Peña en las redes; atacar hasta el hartazgo y sin distinción de ningún tipo, a todo aquello que no pertenezca al cada vez más cerrado equipo de Ex Cambiemos y su rémora radical, más su amargo adobo «Pichettista«.

El «Chiqui» Tapia decidió que en este año electoral, Macri iría a la final directamente contra «River«, sin otro equipo que intervenga. No contaba con que por causas ajenas a la política, River Plate (la institución) respondiera «de manera inoportuna«, abriendo las puertas de su estadio a cientos de personas en situación de calle abrumadas por el frío, el hambre y el desamparo.
Rápidamente surgió desde el núcleo duro de ExCambiemos, la consigna a replicar: «Ojo, La Cámpora está pagando a la gente para que vaya a la cancha como si fuesen pobres…» (Literal y patética fracción de una cadena con la que los trolls de Marcos Peña inundaron las redes). Es que a veces, al clima y a la triste realidad social del país , les toca aparecerse sin previo aviso a «interrumpir estrategias de campaña…«.

La pregunta que se hacen los «hinchas» actuales es si tendría sentido un campeonato en donde «River» y «Boca» fuesen los únicos integrantes de esta suerte de «Superliga» diseñada para los que repiten como loros que «Éste es el único camino«. La respuesta claramente es un rotundo ¡NO!.

Una inmensa masa de argentinos brega porque en el «campeonato» se vean las camisetas de «San Lorenzo«, «Independiente«, «Chacarita«, «Racing«…, y por qué no la de «Atlético Tucumán«, entre otras.

En un año multieleccionario, cada provincia y cada localidad, tienen su propia «liga» y por ello, algo que decir al respecto. En las PASO del 11 de Agosto próximo, el ciudadano dará su primer veredicto sobre la gestión macrista y le pondrá calificación  parcial a las demás fuerzas que postulan recetas totalmente diferentes al «único camino posible» en el que insiste el actual gobierno.
También existirá la posibilidad de dirimir la internas de las listas a diputados (en el caso de Tucumán) y también de senadores en otras provincias.

Mientras el macrismo insiste en su visión de una «superliga» «River-Boca«, otro actor –Roberto Lavagna, acompañado en la fórmula por el salteño Juan Manuel Urtubey , por el frente llamado Consenso Federal– no se cansan en insistir que más allá de lo que digan y repliquen los medios afines al gobierno nacional, hay otra opción que no es «Ni Macri ni Cristina».

El mismo Roberto Lavagna postula que en realidad hoy existiría un 30% de la población que estaría dispuesta a revalidar su apoyo a Macri, mientras otro 30% apoya firmemente la idea de volver hacia un formato de gestión similar al previo al 2015. Este sería el sector que definitivamente apoya y votaría por el binomio Fernández-Fernández. 

Lavagna sin embargo, sitúa su mirada en un 40% -ya no de indecisos- sino de ciudadanos que están francamente desilusionados e inclusive hastiados de el actual gobierno, pero que tampoco desean una vuelta al pasado, encarnado en la dupla Fernández-Fernández.
Roberto Lavagna, quien se adjudica haber sacado de la crisis al país, tras el fracaso del gobierno del recientemente fallecido Fernando De la Rúa, insiste en cada discurso: «Ni Macri ni Cristina».

Existe una gran posibilidad de que en las PASO, la formula de Lavagna-Urtubey, sea receptora de un importante caudal de votos de argentinos que quieren enviar un claro mensaje tanto al Macrismo como a CFK o que sencillamente ven en la dupla Lavagna-Urtubey un refugio sólido ante las «pedradas» que llueven desde la tribuna de «River» y de «Boca» . Más aún cuando recientemente Roberto Lavagna (a propósito, hincha confeso de Independiente) prometió algo que para el argentino promedio, pareciera ser, ante una crisis pronta a cumplir dos años, una especie de maná que cae del cielo: «Si ganamos, lo primero que vamos a hacer es ponerle plata en el bolsillo a la gente«.

 

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