Algunas consideraciones sobre las Elecciones Provinciales – Por: Santiago T. González Díaz (*)

Esta última campaña electoral se desarrolló dentro de los parámetros a los cuales los tucumanos estamos acostumbrados a denominar como “normales”, más aún sí tenemos en cuenta los hechos escandalosos sucedidos en los comicios de 2015. Sin embargo nadie se atrevió a blandir la amenaza de alguna denuncia de “fraude”, habida cuenta de la paliza por 30 puntos que Juan Manzur le propinó a la candidata Silvia Elías de Pérez, quien ocupó un lejanísimo segundo puesto en la preferencia del electorado.

De esta nueva contienda electoral son numerosos los detalles que pueden extraerse de los resultados ya conocidos, y que podrían servir para dilucidar algunas de las cuestiones que hacen a la dinámica electoral tucumana.

Desde un punto de vista general, los resultados para el cargo de gobernador sorprendieron al propio oficialismo, quien contaba con encuestas que daban ganador con un margen porcentual mucho menor al reelecto gobernador Juan Manzur, poniendo entre los principales competidores al senador y ex gobernador, José Alperovich.

Para muchos sectores fue curioso que el senador terminara en un cuarto lugar, siendo superado por el apoyo que recibió Silvia Elías de Pérez (lo cual pone de manifiesto que el centenario partido posee una base electoral importante, pero que elude ponerse de acuerdo en su estructura interna).

Mucho más sorprendente fue que el actual concejal Ricardo Bussi tuviera un desempeño excepcional (si se compara con candidaturas anteriores), logrando (provisoriamente) 8 bancas en la legislatura de Tucumán y constituyendo un bloque político con importante influencia futura en las decisiones.

Las elecciones llevadas a cabo por Fuerza Republicana, pueden interpretarse como la adhesión de un amplio sector de la población que manifiesta su hartazgo ante la situación de inseguridad que azota a la provincia y que -a su vez- desconfió de las otras tres opciones (Mazur, Elías de Pérez y Alperovich) como opciones que puedieran brindarle un servicio básico del Estado: Seguridad.
Otros podrían leer este resultado e interpretarlo como una exteriorización del llamado “voto bronca”, aunque objetivamente la decisión de los electores -por lo general- tiene mucho más que ver con las principales demandas que tiene la sociedad y que dependen de la coyuntura económica que atraviesa el país. Más allá de la victoria, el gobernador Manzur debiera tomar cuenta de ello.

Por otro lado, los resultados también mantuvieron las tendencias que vienen dándose en las distintas provincias donde se llevaron a cabo elecciones, repitiendo la victoria de “los oficialismos”.

Otro «dato de color«, destacable, es el contraste de los resultados reales respecto de los posibles escenarios que reflejaban las encuestas de opinión, inclusive tomando en consideración el margen de error; ante ello es posible sacar dos conclusiones: Por un lado, sostener que las encuestas publicadas fallaron en las predicciones hechas respecto de las intenciones electorales verdaderas de los ciudadanos; mismas que daban escenarios que supuestamente llagaban a poner en riesgo la reelección del actual gobernador Juan Manzur y del vice, Osvaldo Jaldo. En toda campaña las publicaciones de “encuestas a la carta”, simplemente fueron parte de una estrategia electoral para influir en la votación final de los ciudadanos. De ahí deviene el descreimiento en que han caído las encuestadoras, tanto en la provincia como en el resto del país.

Desde otro aspecto, algunos resultados demostraron que las estructuras pueden fallar si no existe un trabajo territorial consolidado donde los ciudadanos se sientan cercanos a los candidatos y tengan algún tipo de representación real al momento de emitir su sufragio.

Claros ejemplos fueron dos listas de legisladores, en las que participaron tres ministros y que solo obtuvieron una banca legislativa. De igual manera, resaltan las dos intendencias donde fueron derrotados los jefes comunales en ejercicio: Alderetes, en donde el candidato manzurista superó por una amplia mayoría al candidato alperovichista y Famaillá, en donde con un estrecho margen a favor, el diputado José Orellana superó por un aproximado de 700 votos a su ex cuñada Patricia Lizárraga.

Finalmente, es importante hacer una última mención a respecto del sistema de acople vigente en la provincia. Es posible entender que se trata de una herramienta electoral que brinda pluralidad al electorado, pero los porcentajes con los cuales son electos los representantes son reducidos en comparación con el padrón total de la provincia; además, aquellos candidatos a cargos legislativos que mejor resultado tuvieron fueron quienes constituyeron alianzas y conformaron listas conjuntas. Esto debiera llamar a la reflexión a los partidos y candidatos en el futuro, ya que dependerá en gran medida de la capacidad de alianzas y reconocer que no se puede llegar “en solitario”, sin la generación de un trabajo político territorial relevante. Será en ese momento cuando una inercia natural haga desaparecer la atomización que hoy tenemos en el cuarto oscuro; tomando conciencia de que los únicos beneficiarios de este sistema, resultan ser quienes pugnan por cargos ejecutivos. Todo esto, dejando de lado la vieja trampa que permite la ley y que significan las dobles candidaturas, de las que algunos partidos abusaron de manera visible.

* Santiago Tomás González Díaz

Lic. Ciencias Políticas  Mg. Gestión Política

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